Nuevamente se presentó la necesidad de conseguir ropa a buen precio, esta vez para mí. Resulta que estoy actuando en otra obra de teatro (The Musical Comedy Murders of 1940 – Teatro Guild de Ancón – a partir del 16 de octubre – sí, es en inglés) y mi personaje requiere que yo utilice cierto estilo de ropa que yo no tengo en mi closet (no voy a ser muy descriptiva para no aguarles la sorpresa… vayan a verme!!!).
El lugar obvio para este tipo de necesidades es la Central, y yo decidí hacer un regreso triunfal a ese sitio, pero esta vez con estrategias anti-rakataka ladrona.
Estrategia Uno: Acompáñate de un “local”.
Le pedí al gran Ace Masala que me acompañara. Como muchos quizás algunos saben, Mr. Masala es un “local” del área por haberse criado en la zona, y además haber trabajado ahí por varios años. Junto a él, ya no me veo tan rara. Es casi como si el “local” emitiera un aura de familiaridad que te permea y hace que la gente te deje de prestar atención, porque tú también pareces familiar.
Estrategia Dos: No llevar cartera.
Los que han visto mi cartera saben que es del tamaño de un niño de un año y, ¿adivinen?, pesa lo mismo que un niño de un año. Adentro de mi cartera, dependiendo del momento, es posible encontrar… ¿Se acuerdan de la canción del buhonero de Pedrito Altamiranda? bueno, algo así: celular, wallet, libreta de telefonos, pluma, lápiz mecánico, minas, liquid paper, borrador, antibacterial para las manos, tylenol, claritine d, otras medicinas misceláneas, maquillaje, cuadernito de apuntes, llaves (como tres juegos diferentes), ipod, cámara, recibos a montón, crema para las manos, carnet del trabajo, galletas, lima de uñas, ganchitos y colits para el cabello, listitas de compras, listitas de cosas pendientes, libro (en este momento es Cien Años de Soledad), kleenex, lentes para leer, chicle, y el libreto de la obra que estoy ensayando.
¿Ah, que no me creen? búsquenme un día y pídanme que les saque uno de estos artículos para ver si es verdad o no. Yo también me espanto a veces. Hace un par de días me estaba acordando de cuando yo salía a la calle solo con un wallet deportivo Quicksilver en un bolsillo y las llaves de la casa en otro.
Estrategia Tres: Actúa como si fueras allí todo el tiempo.
Esta vez no me puse a tomar fotos como turista, ni anduve vociferando “¿Dónde está Saks? ¿Dónde esta el cajeeeroooo???” ni nada parecido. A los sustos se aprende.
La Visita
La verdad es que tengo varias cosas entretenidas que contar de este trip a la Central. Llegué rápidamente a mi destino principal: Saks, y entre buscando lo que necesitaba. Ace rápidamente le preguntó a una vendedora si tenían lo que yo estaba buscando (no lo tenían) y por supuesto que quedó metido en una amena e interesante conversación con ella. Los legendarios poderes conversacionales de Ace Masala nos llevaron a quedar hablando con la señora sobre la posibilidad de comprar uno de los maniquíes pornográficos (por sus grandes bubis) que hay en la tienda. Cuando preguntó que de dónde éramos le dijimos que yo era judía y el hindú, y que estábamos juntos para ver si nos salen buenos negocios.
La lluvia no paraba, y nos dimos a la tarea de caminar por el borde de las tiendas, que tiene un techito, tratando de encontrar capotes en algun almacen. No queríamos paraguas, sino capotes! Pero no había. Entonces decidimos cumplir un sueño que llevabamos desde hace algún tiempo en nuestras mentes, pero no habíamos cumplido: caminar bajo la lluvia. Fuimos los más raros de la Central esa tarde, caminando de manitos agarradas por la calle desierta (todo el mundo estaba refugiando en los almacenes).
Caminamos bajo la lluvia hasta Sol De La India, donde yo esperaba encontrar algo de ropa que me interesara. Ahí nos impregnamos de incienso y encontramos muchas cosas chéveres como ropa hindú (me compré una falda de elefantes!), instrumentos musicales (con los que dimos un pequeño concierto), manitos de rascar, manuales de kama sutra (no podían faltar), petates (me compré unos también), abanicos chiquitos, abanicos gigantes, artículos cristianos, artículos folklóricos panameños, y artículos chinos (muy internacional el Sol De La India). En una de esas Ace Masala se metió detrás de un mostrador a ver libritos y se puso a hablarme en hindi como si él fuera uno de los vendedores de la tienda. Bien pudo haber engañado a cualquiera.
Ya habíamos recorrido bastante cuando sucedió algo producto del hacinamiento acerístico (sí, ese término lo inventé yo) causado por la lluvia: se formo una pelea. Una mujer y un hombre se pusieron a gritarse y mandarse pa’ la %#$& en la acera del Sol De La India. La tipa le gritaba al man que su hija era una p*ta que se acostaba con todo el mundo, y el señor defendía el honor de su hija diciéndole a la man que ella también, jajajajaja. Disfrutamos de la trifulca asomándonos por las vidrieras del almacen.
Ya para el final del viaje pasamos por Panacine, donde decidí romper un poco las reglas porque estaba siendo recibida por los dueños. Observen.
Sí, el sofá se llamaba Hulk. Y sí, poco después de que yo hice la gracia de sentarme, miré a mi alrededor y había gente sentada en todos los sofás siguiendo mi ejemplo de que los letreros no importan. Soy una mala influencia. Pero eso no importó, porque apenas nosotros llegamos comenzaron a venderse bastantes artículos, así que ahora en Panacine soy considerada un amuleto de buena suerte. Me ofrecieron trabajo, solo tengo que ir a sentarme todo el día en cualquiera de los sofás prohibidos J. Hulk, creo que te veré de nuevo. The End.


